También es una práctica que nos invita a observarnos, a conocernos y a construir una relación diferente con nosotras mismas.
Dentro de esta mirada aparece un concepto muy especial: Sadhana.
Sadhana puede entenderse como una práctica espiritual o personal que realizamos de manera consciente y sostenida con el propósito de avanzar en nuestro camino de autoconocimiento.
No se trata de hacer una práctica perfecta ni de cumplir con una determinada cantidad de minutos. Se trata de crear un espacio para conectar con vos misma y cultivar aquello que querés llevar a tu vida.
¿Qué significa Sadhana?
La palabra Sadhana proviene del sánscrito y está relacionada con la idea de práctica, disciplina o camino hacia un objetivo.
Dentro de las tradiciones del yoga, puede hacer referencia a una práctica espiritual realizada con intención y constancia.
Y hay algo que me parece especialmente interesante: la Sadhana no tiene por qué verse igual para todas las personas.
Para alguien puede incluir asanas y pranayama. Para otra persona puede ser meditación, mantra, estudio, silencio o una combinación de diferentes prácticas.
Lo importante es la intención que existe detrás.
No practicamos solamente para conseguir una postura. Practicamos para conocernos.
¿Qué hacemos durante una Sadhana?
Una Sadhana puede estar formada por diferentes elementos del yoga. No existe una única estructura obligatoria.
Por ejemplo, podemos comenzar con unos minutos de silencio para observar cómo estamos, continuar con una práctica de asanas, incorporar pranayama y finalizar con meditación.
También podemos trabajar con:
Asanas: posturas físicas de yoga.
Pranayama: prácticas de respiración consciente.
Meditación: entrenamiento de la atención y observación de la mente.
Mantras: repetición consciente de sonidos o frases.
Mudras: gestos realizados con las manos que acompañan determinadas prácticas.
Svadhyaya: autoestudio y observación de una misma.
La combinación dependerá del propósito de nuestra Sadhana.
¿Por qué la constancia es tan importante?
Una Sadhana no se construye a partir de hacer una práctica extraordinaria una vez.
Se construye a través de la repetición.
Cuando practicamos con cierta regularidad, empezamos a observar cosas que quizás en una práctica aislada pasarían desapercibidas.
¿Cómo está mi cuerpo hoy?
¿Qué sucede con mi respiración cuando aparece una dificultad?
¿Dónde aparece mi exigencia?
¿Me cuesta detenerme?
¿Puedo aceptar que hoy mi práctica sea diferente?
De esta manera, el mat se convierte también en un espacio de observación.
Y aquello que descubrimos durante la práctica puede empezar a acompañarnos fuera de ella.
Sadhana no significa exigirte más
Esta es una diferencia importante.
La palabra disciplina puede hacernos pensar en obligación, esfuerzo o exigencia. Pero una práctica sostenida no tiene por qué construirse desde ahí.
Podemos practicar disciplina desde el cuidado.
Hay días en los que quizás tenemos energía para una práctica dinámica. Otros en los que nuestro cuerpo necesita algo más suave. Y también habrá días en los que sentarnos unos minutos a respirar sea suficiente.
La Sadhana nos invita a sostener el vínculo con la práctica, no a cumplir con una expectativa de perfección.
¿Cómo podemos crear nuestra propia Sadhana?
Si querés comenzar, no hace falta diseñar una rutina complicada.
Podés empezar preguntándote:
¿Qué necesito cultivar en este momento de mi vida?
Quizás sea calma.
Quizás confianza.
Quizás claridad.
Quizás constancia.
Quizás simplemente necesitás volver a sentirte conectada con tu cuerpo.
A partir de ahí podés crear una práctica que acompañe esa intención.
Por ejemplo:
Para cultivar calma:
5 minutos de respiración + 15 minutos de yoga suave + unos minutos de relajación.
Para cultivar presencia:
una práctica dinámica en la que prestes especial atención a la coordinación entre movimiento y respiración.
Para cultivar claridad:
unos minutos de silencio + práctica de yoga + meditación al finalizar.
No necesitás hacer una hora de yoga para que tu práctica tenga sentido. Podés comenzar con 10 o 15 minutos y, sobre todo, con una intención clara.
La Sadhana también puede cambiar
Nuestra práctica no tiene que permanecer igual durante toda la vida.
De hecho, puede ser muy interesante observar cómo cambia a medida que nosotras cambiamos.
Quizás en una etapa necesitás más movimiento. En otra, más quietud. En determinado momento tu práctica puede estar muy vinculada al cuerpo y, con el tiempo, puede aparecer un interés mayor por la meditación, la respiración o el estudio del yoga.
Escucharte también forma parte de la práctica.
Practicar yoga es mucho más que hacer posturas
Para mí, una de las cosas más lindas del yoga es descubrir que aquello que hacemos sobre el mat empieza a trasladarse a nuestra vida.
Aprendemos a respirar cuando algo nos incomoda.
A observar antes de reaccionar.
A reconocer nuestros límites.
A sostenernos cuando algo se vuelve difícil.
A aceptar que no todos los días podemos hacer lo mismo.
Y quizás, poco a poco, empezamos a preguntarnos también:
¿Cómo quiero vivir?
Ahí la práctica empieza a trascender las posturas.
Una práctica que te acompaña
Para mí, Sadhana también tiene que ver con esto: con regalarte un espacio para volver a vos.
Hay días en los que llegás a la práctica con energía, con ganas de moverte y de conectar. Y hay otros en los que cuesta. Estás cansada, preocupada, dispersa o simplemente no tenés ganas de hacer nada.
Y, sin embargo, te encontrás con tu práctica.
A veces será una clase completa. Otras veces serán unos minutos de respiración, una postura, una meditación o simplemente sentarte en silencio.
Con el tiempo, esa constancia empieza a construir algo. Un espacio interno al que podés volver, incluso cuando afuera las cosas no están tan ordenadas.
Eso es lo que me gusta de Sadhana: que no busca que hagamos una práctica perfecta, sino que cultivemos una relación con nosotros mismos.
Y quizás ahí esté una de las partes más lindas de practicar yoga: descubrir que la práctica no termina cuando desenrollás el mat. Lo que cultivás en esos minutos empieza, poco a poco, a acompañarte también en tu vida.
Si sos mi alumna, quizás ya reconocés esa sensación. Ese momento en el que llegás a la práctica con la cabeza llena y te vas sintiéndote un poco más cerca de vos.
Para mí, eso también es Sadhana.